La aldea de Lugo millonaria

Celebración en el bar Cascudo de San Juan de Alba (Lugo)./Efe
Celebración en el bar Cascudo de San Juan de Alba (Lugo). / Efe

El bar Cascudo, situado en San Juan de Alba, reparte unos 200 millones entre vecinos y viajeros

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Los camiones hacen tronar sus cláxones. Pilar Ferreira no oculta una carcajada al otro lado del teléfono. «Otro más», dice risueña y con una calma pasmosa. Reconoce que lleva toda la mañana recibiendo parabienes, besos y abrazos gigantescos de vecinos de toda la vida y visitantes asiduos del bar Cascudo. Pilar lleva al pie del cañón, «día y noche», desde hace 25 años, en este establecimiento a la salida de la autopista A-68 camino de Villalba (Lugo).

En este lugar suelen parar numerosas personas. Una afluencia que provoca que Pilar tenga décimos para el Sorteo de Navidad desde el mes de agosto. Y así se hizo con cincuenta series del 71198 que ha vendido «poquiño a poquiño» durante todos los meses. «Lo vendimos décimo a décimo, a gente de aquí y a gente de Vigo y Asturias. Algunos se fueron para mi familia en Bilbao», explica. Son, a falta de comprobar que se ha vendido todo, 200 millones de euros de alegrías. Doscientos millones repartidos desde San Juan de Alba, una pequeña aldea de 300 personas.

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Cree Pilar que casi todo el mundo de «los alrededores» lleva algo. Porque no solo el bar Cascudo ha repartido alegría. La Administración número 1 de Villalba -El Alcázar- ha repartido otros 320 millones. Parte de esa alegría se fue al colegio Insua Bermúdez de la localidad lucense. El director del centro, Arturo Gómez, fue el encargado de la gestión para todos los profesores. Incluso algunos maestros que dieron clase en el centro y que están en otros destinos o jubilados.

Después de sacudir la localidad lucense, el otro gran foco de la alegría navideña estaba en la otra punta del país, en la otra esquina de la diagonal.En Málaga, tres administraciones vendieron el número más perseguido de la mañana. Y la emoción no se podía disimular. Como Salva, trabajador en la Administración 40 de la capital de la Costa del Sol. Él y sus compañeros estaban hurgando entre los papeles para saber cuántos décimos habían despachado. Tenían claras varias cosas. «No es un número abonado y han llegado pocos», dice Salva. Todo se había despachado en ventanilla, cuenta mientras suena un sonoro beso al otro lado del teléfono.

Más calmado, gracias a los años de experiencia, José Cerralbo da la misma respuesta. «Se han vendido los décimos en las tiendas de la zona. Todo suelto», afirma el responsable de Loterías Fray Leopoldo, nombre que homenajea a uno de los malagueños más ilustres del siglo XX. El boca-oreja empieza a notarse en las puertas de local, sito en la calle Santa Marta. Los vecinos quieren observar, cuchichear y dar la enhorabuena a sus loteros. Y, por qué no, descubrir quién de ellos tiene en su cartera o a buen recaudo en casa un décimo agraciado.

Por terminales

Tampoco lo sabía Oliva Muña. «No me pongas la ‘i’. Que la ‘i’ se perdió», dice con guasa y muy, muy tranquila. Al igual que sus colegas de profesión, hace recuento de los décimos que ha podido vender. Calcula que tenía asignada una serie entera del número y que la ha podido vender entera por ventanilla. Entre los afortunados, una pareja «argentina o chilena». Tenían un acento «cálido». «La pareja me dijo que venía a comprar el Gordo. Me quedé flipada, no me lo podía creer. Y no soy nada supersticiosa, pero lo dijeron con rotundidad», dice Oliva desde la calle SanDelfín, una administración situada cerca de la orilla del río Manzanares. Al otro lado del añorado Vicente Calderón. En Benetússer, localidad a cinco kilómetros de Valencia, Bernabé también hacía cuentas. No sabe «si el 71198 se lo ha llevado un grupo grande, se han vendido muchos o pocos décimos».Las terminales provocan este descontrol en las administraciones.Al poder cogerse al gusto el número que el cliente quiere, los loteros tienes que mirar sus archivos para comprobar qué han hecho en las últimas semanas -o meses- con sus números.

José Luis Dezzy, encargado en la administración de lotería ubicada en la calle Obispo número 1 de la localidad de Jaca, Huesca, explica que han vendido una serie completa de diez números. «No sabemos con certeza si los afortunados son gente de aquí mismo, pero creemos que sí por las fechas en que fueron comprados», explica emocionado entre voces de festejo de una localidad con menos de 12.000 habitantes. «Somos una ciudad pequeña, no tenemos las colas que se producen en las grandes administraciones y todos saben que nos cayó el Gordo, por eso es un montón la gente que se ha acercado a celebrar».

Este Gordo también tocó en otras localidades. Provocó que se descorcharan botellas en Baeza (Jaén), Santander -que tuvo la suerte de tener varios premios-, Torrejón de Ardoz, Cádiz o Madrid capital. Alegría a destajo en todos estos puntos para un Gordo que, como sus predecesores, se hizo rogar. Le ha cogido el gusto el premio más soñado de este país al mediodía, cuando la tensión está en aumento y los nervios de los alumnos del colegio de San Ildefonso afloran.

De la gasolinera afortunada al algoritmo mágico

La gasolinera de Granadilla, situada en la autopista del sur de Tenerife, confirmó ayer su idilio con la Lotería de Navidad, tras repartir por quinto año consecutivo varios premios principales a los que sumó incluso un pellizco al Gordo.

Los clientes de esta estación de servicio se repartirán este año más de 3,2 millones de euros. La lista de décimos premiados es larga, empezando por un décimo del primer premio al que han correspondido 400.000 euros. Pero además, en esta gasolinera tinerfeña se han vendido 22 décimos del segundo premio, que han repartido 2.750.000 euros, a los que hay que sumar los 120.000 euros que corresponden a veinte décimos del 58808, uno de los quintos premios. También ha vendido dos décimos del quinto premio que ha recaído en el número 00580, con lo que ha repartido otros 12.000 euros, y un décimo del 22253, lo que supone otros 6.000 euros. En años anteriores en este establecimiento también se vendieron primeros, segundos y terceros premios.

Otro de los focos desde el que han llovido millones de euros es la administración El Perolo, situada en la localidad murciana de San Pedro del Pinatar. Desde aquí se han distribuido cinco millones correspondientes al Gordo y otro millón del segundo premio y de dos quintos gracias a un algoritmo matemático, según aseguró el gerente del establecimiento, Miguel Ángel Zapata. El lotero explicó a Efe que se han vendido entre diez y doce décimos del primer premio, todos en ventanilla a través de «sobres sorpresa», que impide a los clientes elegir el número. Es un producto más de este administración, fundada el pasado año, que cuenta como «gancho comercial» con su algoritmo matemático, que según Zapata, asegura «la llegada de la suerte» y que este año prometía cinco premios mayores.

Zapata, que celebraba ya con vecinos de la localidad murciana dos quintos premios y el segundo cuando salió el Gordo, mostró su alegría por este primer premio, aunque afirmó que estaba «seguro de que iba a caer en esta administración porque el algoritmo matemático con el que trabaja funciona».

Cuando abrió sus puertas, en 2016, vendió más de 12.000 décimos de Navidad y repartió tres premios mayores con su algoritmo matemático, y este año ha hecho lo propio con más de 240.000 décimos y cuatro premios mayores.

«Hemos vendido a toda España. Cada vez son más las personas que confían en nuestra fórmula matemática y compran nuestros décimos», dijo Zapata, que subrayó que esta oficina se encuentra entre las 20 primeras de España en ventas.

Pero este años también ha habido oportunidades para loteros que aún no habían repartido nunca premios de Navidad. Es el caso de Julio García, dueño de la administración de lotería número 12 de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz. «Lo estábamos viendo por televisión. Tenemos todo informatizado, pero antes de poder verlo nos han llamado por teléfono para decirnos que lo habíamos vendido», explicó. Es el primer Gordo de García, pero no de su familia. Su madre ya lo vendió en 1988.

 

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