El epicentro de la Navidad

El Teatro Real acoge El Sorteo Extraordinario de Navidad.
El Teatro Real acoge El Sorteo Extraordinario de Navidad. / Efe
  • Doscientas personas han pasado la noche en las puertas del Teatro Real a cuatro grados de temperatura. Los primeros han esperado 17 horas

Es aún de noche. Junto al Palacio Real, la niebla de la mañana dibuja un aura de escarcha aérea alrededor de las farolas. Cuatro grados. Con esas temperaturas, el que mejor va vestido es Cañizares, enfundado en un disfraz de camaleón de gomaespuma en mil colores con fotocopias de décimos cogidas a la tela con imperdibles (ha comprado 29). Busca las cámaras para contar su descabellada historia. Nunca le ha tocado nada, no tiene nombre y solamente exclama a quien quiera escucharle, como si fuera un preso antiguo y desesperado: “¡Soy el Camaleón Cañizares! ¡Soy el primo de Tanín!”. Nadie sabe quién es Tanín. Canta a gritos el Gordo en el 83.872, pero en realidad lleva el 62. Le acompañan un tipo vestido del Papa Francisco que imparte bendiciones, y Enrique Bilshes un hombre disfrazado de niño en un insólito homenaje “a las institutrices”, un señor de Cebreros que después de 18 años de acudir a la cita disfrazado ya se ha convertido solemnemente en “el señor de Cebreros”.

Un maniquí de Cristiano Ronaldo lleva el 06458. Dos monjas, una ciega, tres Bob Esponja y un legionario en manga corta completan el manicomio estrafalario, ruidoso y un punto entrañable de los clásicos del sorteo, que han entrado en el Teatro Real a las ocho de la mañana y que llegaron a la cola ayer a las tres de la tarde. Los responsables de Loterías del Estado les han invitado a un café y un chocolate, por humanidad y porque saben que forman parte del tuétano de la tradición. Llevan 17 horas de espera y de frío y componen el curiosísimo epicentro de la Navidad en España.

Por ahora, los únicos cánticos que se escuchan son los del público que los mezcla con villancicos cantados al alto la lleva. Los responsables de Loterías del Estado preparan su dorado mecanismo de números y premios en un escenario granate. Al caer en los bombos, las bolas llenan el teatro del eco de un siseo misterioso. En algún lugar, escondido en las entrañas del Teatro Real, los niños de San Ildefonso aguantan los nervios y el dolor de estómago antes de cantar la suerte y repartir 2.310 millones de euros. Salen a escena. A las nueve de la mañana ha comenzado oficialmente la Navidad.