La fortuna no atrajo a la fuerza

Manuela Sevilla, de 79 años, madrugó y guardó la cola todo un día para estar en la sala vestida de bombo.
Manuela Sevilla, de 79 años, madrugó y guardó la cola todo un día para estar en la sala vestida de bombo. / Sergio Barrenechea (Efe)
  • El esperpento lotero no explotó el fenómeno 'Star Wars'

  • La suerte corrió a velocidad galáctica con el segundo premio, pero zanganeó tres horas con el Gordo

Muy madrugadora, la suerte saltó a velocidad galáctica, al minuto de iniciarse el sorteo en el Teatro Real. Fue con el segundo premio, el 12775, que repartió millones por varios rincones de España a las 9 horas y 16 minutos. Y parecía que la suerte quería viajar a la velocidad de la luz. Pero no. Prefirió zanganear y el parón del Gordo fue largo. Muy largo. Casi de tres horas amenizadas por el sonsonete de la pedrea hasta que estalló el 79140 que se fue en su integridad a la localidad almeriense de Roquetas de Mar.

Lo cantaron a las 12.13 horas, en el sexto alambre de la séptima tabla, Lorena Stefan, rubia de 13 años y padres rumanos, y Nicol Valenzuela, morena, de 12 primaveras, y de origen ecuatoriano pero nacida en Madrid. Una esbelta y la otra chaparrita. Las dos con gafas. Extrajo el número William Díaz Santana, de origen dominicano, y el premio Thiago Darío Diosy Marrone, de Madrid. Los mismos niñas y niños habían cantado un quinto premio, con error incluido en la tercera tabla dos horas antes.

"Presentía que iba a cantar el Gordo; lo sabía", dijo la pizpireta Lorena, muy segura de sí. "No estaba nada nerviosa", confesó. También que espera que los premiados "se acuerden de nosotras y ojalá nos caiga alguna propina". Lorena disfrutó de un acto de justicia poética ya que cantó antes del Gordo el 943, agraciado con un quinto premio. Pero luego repitió machaconamente que era el 9043 sin que nadie le corrigiera. Nicol quiere ser periodista y Lorena no sabe qué le depara el futuro.

El segundo y madrugador premio lo habían cantado tres horas antes con la voz aún fría Isaac Patricio y Nazaret Blanco Carrizal. Extrajo el número Deni Da Roza y, el premio, Daniel López.

Repartieron entre los ocho críos los dos grandes regalos de una fortuna que no se alió con la fuerza. Y es que, por raro que parezca, no hubo disfraces alusivos a la omnipresente Guerra de la Galaxias entre los abonados al esperpento lotero. El despliegue policial en el entorno del Teatro Real fue estricto, como el control de acceso. Las fuerzas de seguridad sí estaban muy alerta, en el insólito nivel cuatro.

Ni Han solo, ni Darth Vader, ni Chewbacca, ni Yoda, ni R2-D2 o C-3PO, ni Obi-Wan Kenobi hicieron acto de presencia, como cabía sospechar en año tan galáctico. Lo más cercano a 'Star War', un tipo con una especie de pijama peludo color canela. "¿Eres Chewbacca?". "Qué va. No. Voy de perro. Es el disfraz que me buscó mi 'cuñao' para que no pasara frío en la cola", explicaba el propio peluche cánido desilusionando a su interlocutor.

Los niños cantores de San Ildefonso muestran las bolas con el segundo premio del sorteo extraordinario de la Lotería de Navidad ha correspondido al número 12775.

Los niños cantores de San Ildefonso muestran las bolas con el segundo premio del sorteo extraordinario de la Lotería de Navidad ha correspondido al número 12775. / Efe

La imaginación tampoco brilló este año entre quienes acudieron disfrazados al Teatro Real. 'Dejà vu', entre esa docena de friquis con abono lotero que hacen hasta un día entero de cola para buscar esos segundos de gloria televisiva y radiofónica que les dan la vida. Los personajes de esta opereta de los millones que se representa cada 22 de diciembre no se renuevan. Saben cómo llamar la atención de los informadores sin desgastar demasiado el magín.

Sí debutaba en el salón Rafael Chías, 75 años, exlegionario, natural de Barcelona y que recuperó su gastado uniforme militar. Aferrado al 93415 y 25976, vino a buscar la fortuna del soldado luciendo en el antebrazo un gigantesco tatuaje con el anagrama de la legión.

Rafael Chías, 75 años, exlegionario, natural de Barcelona y que recuperó su gastado uniforme militar para acudir al sorteo en el Teatro Real.

Rafael Chías, 75 años, exlegionario, natural de Barcelona y que recuperó su gastado uniforme militar para acudir al sorteo en el Teatro Real. / Efe

No faltaron los clásicos, Como el señor Vilches, don Enrique, de Cebreros, Ávila, presencia recurrente en el salón que este año rindió homenaje a la fallecida actriz Lina Morgan. Jaula con canario muerto incluido. Lleva 17 años asistiendo y, con 82 cumplidos, la suerte sigue siendo esquiva para él. Este añoso agricultor fijo en el sorteo se vistió en años anteriores de Miliki, de duquesa de Alba, de Belén Esteban y de niño travieso. Se marchaba a casa a las 10.40 con el ego satisfecho, el bolsillo vacío y el cadáver del canario bamboleándose en su jaula dorada.

«No me toca ni mi mujer»

También son habituales Fernando Gracia, de 71 años; Rufino Huerta, de 57 y Marcelo Budia, de 81, un trío calavera de la fortuna fijo del sorteo navideño. Asistieron de nuevo con sus coloristas disfraces de botones, lentejuelas y cintas y con el clásico y muy visto disfraz tachonado de las extintas pesetas, ya con una docena larga de sorteos a cuestas. El octogenario Budia, diseñador de los trajes, lleva 15 años asistiendo al sorteo “sin pillar premio”. Como Rufino, que se resigna a su mala suerte. "Ya no me toca ni mi mujer", asegura.

Manuela Sevilla, de 79 años, madrugó y guardó la cola todo un día para estar en la sala vestida de bombo. "Me lo han hecho mis hijas y una amiga. En las bolas están todos los 87 números que juego, y es un disfraz que abriga mucho, aunque llevo dos jerséis y dos pantalones para aguantar la noche", explica. Es el cuarto año que esta anciana del barrio madrileño de García Noblejas se cita con la suerte que, como sus compañeros de esperpento, se olvida de ella. Y eso que se ha gastado casi 2.000 euros.

Los medios de comunicación rodean a una señora que creía que le había tocado el cuarto premio del Sorteo Extraordinario de Navidad.

Los medios de comunicación rodean a una señora que creía que le había tocado el cuarto premio del Sorteo Extraordinario de Navidad. / Efe

De Málaga regresó al salón de la fortuna, como el turrón a casa, 'El mocito feliz', Enrique Jiménez Pérez en su DNI. Con 44 años y disfrazado de Rey Mago, el atrabiliario personaje busca esa fama fugaz que ya obtuvo como comparsa en la saga de Torrente. "¿No me hace una foto?", pregunta con decepción este cazador de portadas.

No faltaron Santa Claus, abanderados, endecimados, vikingos madridistas y forofos de otros clubes. Y tampoco los premiados se prodigaron en la sala. En la sala solo una afortunado poseedor del 52215, Juanjo, con un modesto pellizco de 6.000 euros. También dijo serlo Mónica. "¿Cómo puede vivir la Pantoja así?", exclamaba cuando se vio rodeada de micrófonos y cámaras. Luego supimos que no, que no tenía premio y sí la cara suficiente para llamar la atención.