Cientos de millones en 'pellizcos' de la suerte

Xavier Gabriel, propietario de La Bruixa d'Or
Xavier Gabriel, propietario de La Bruixa d'Or / Archivo
  • Doña Manolita y La Bruixa d’Or mueven miles de 'ventanillas' a la ilusión para los ciudadanos que cada año acuden a sus despachos para llevarse un décimo de Navidad

Los gordos de la Lotería de Navidad o de El Niño pueden caer en cualquier rincón del país, en la administración más recóndita. Gasolineras, bares de carretera, chiringuitos de playa o grandes superficies comerciales. Sin embargo hay lugares con chispa para la suerte que, año tras año, más o menos, reparten millones entre sus clientes. Hablar de administraciones marcadas por la suerte es hablar de la madrileña Doña Manolita o la ilerdense La Bruixa d’Or.

La primera nació lejos de su actual ubicación. Corría el año 1904 cuando Manuela de Pablo, de 25 años, ayudada de sus tres hermanas abrió un despacho de loterías en la calle de San Bernardo, entonces denominada calle Ancha. Conocida como Doña Manolita, la administración número 67 de Madrid pronto se labró la clientela debido a los numerosos premios que repartía y a la simpatía y belleza de su propietaria. Ese querer popular también supuso fama y cariño para su dueña.

Recién llegada la República, en julio de 1931 la administración se traslada hasta la Gran Vía. La oficina estuvo abierta hasta que en 2011 es muda a la vecina calle del Carmen número 22, donde ocupa otro local mítico del centro de Madrid que antes albergaba a la Mansión del Fumador. El motivo de este cambio de ubicación de la administración con más solera de España fue el contrato con los dueños del local.

Desde aquí continúan, año tras año, las colas de compradores de la suerte, tanto madrileños como turistas que se acercan a la capital. Raro es el año que alguno de los premios de Navidad o de El Niño no cae en alguno de los números que han salido desde este despacho que, como mandan los cánones, también reparte ilusión a través de internet.

Los duendes ilerdenses

Con un pasado más reciente, en 1986, Xavier Gabriel abre en la localidad leridana de Sort el despacho de loterías al que llamó Stop, luego Estel y desde 1992 La Bruixa d’Or. Este nombre se debe a una bruja que presidía el establecimiento que, finalmente, se convirtió en el estandarte del mismo. El primero de los grandes premiso cayó en La Bruja de Sort (suerte en español) en 1994 cuando vendió el Gordo de El Niño, premio que vuelve a repartir en 1996, 1997 y 2000. A ellos les siguió en 2003, 2004 y 2007 el Gordo de Navidad.

Desde entonces se ha convertido en sinónimo de millones y bien por ventanilla, bien por internet, esta administración ha conseguido en varias ocasiones ser la que más números vende de todo el país. La Bruixa d'Or ha diversificado sus actividades. De ser una administración de lotería ha pasado también a la promoción y comercialización de productos alimentarios y vitivinícolas, hasta el patrocinio de equipos de baloncesto y de pilotos de carreras.